Fumar da placer y ayuda ¿qué más se puede pedir?

Fumar es un hábito placentero, de gran ayuda para la persona fumadora. O al menos, así lo vive ella.

El placer de fumar

Cuando preguntamos a fumadores los motivos por los que fuman, es frecuente que sus respuestas sean: “Porque me gusta”, “Porque alivia el deseo de fumar”, o “Porque fumando disfruto más en ciertas situaciones”.

Desde la perspectiva del fumador, fumar le da placer, alivia el displacer, y le ayuda a disfrutar. Las mismas cosas que pueden obtener sin fumar las personas que no son adictas al tabaco, es cierto. Aunque muchos fumadores creen erróneamente que disfrutan más pues, además del resto de placeres de la vida, ellos tienen el placer de fumar.

La ayuda que proporciona

Más allá de esta función supuestamente placentera, de la que me ocuparé en otro momento, a la mayoría de fumadores fumar les ayuda en su vida diaria, e incluso en sus momentos difíciles: Es para ellos un importante recurso de ayuda.

El tipo de ayuda que proporciona puede variar de un fumador a otro pero, en general, desempeña una o varias de las siguientes funciones de ayuda: relajante, desestresante, ansiolítica, socializadora, desinhibidora, estimulante, evasiva,  sucedánea, compensadora, laxante, u otras que particularmente pueda tener.

Aunque no las analizaré ahora, es sorprendente la gran variedad de funciones que fumar puede desempeñar. Más que simple tabaco, parece una especie de maná multiuso, un regalo de los dioses para aligerar y endulzar nuestra penosa existencia en esta tierra, podrían afirmar los fumadores más empedernidos.

También llama la atención la aparente contradicción que algunas de estas funciones tienen entre sí, o con los efectos fisiológicos propios de la nicotina. Por ejemplo, ¿cómo es posible que a unas personas les sirva para relajarse, mientras que a otras les sirve para estimularse?  Más sorprendente aún, ¿cómo una misma persona  lo utiliza unas veces para una función, y otras para su contraria?

Y  aunque esta funcionalidad múltiple y paradójica no es algo anecdótico, sino cotidiano y habitual, lo importante es que, para cada fumador, fumar desempeña ciertas funciones de ayuda, como las señaladas.

Afrontar la vida sin poder fumar

Esta supuesta ventaja, implica un gran problema para el fumador que está intentando dejar de fumar: No sólo disfruta menos, e incluso puede que experimente un cierto síndrome de abstinencia, sino que sin fumar se encuentra ahora como desvalido, pues no puede utilizar la importante y cotidiana ayuda que le proporcionaba el tabaco.

Por ejemplo, quien utiliza el tabaco como ansiolítico, cuando comienza a alterarse emocionalmente fuma un cigarrillo y se calma o impide que su alteración emocional vaya a más: ¡Fumar le ayuda!

Pero si ahora no puede fumar, su alteración será cada vez mayor, y el mismo hecho de saber que no puede fumar le alterará más aún, pudiendo llegar al estado emocional que denomino “¡¡¡No lo puedo soportar!!!”. En ese estado la emoción secuestra a la razón: La persona ya no atiende a razones, se siente desbordada o superada, y “no tiene más remedio que fumar”, según sus palabras.

Este proceso no es algo exclusivo de los fumadores que usan el tabaco con esa función ansiolítica. Muchas personas utilizan de modo habitual fármacos psicotropos (orfidal, lexatin, valium, trankimazín, por citar algunos conocidos nombres comerciales) para aliviar su ansiedad y su malestar emocional. Y con frecuencia ni tan siquiera necesitan tomar el fármaco para que éste les ayude. Les basta con saber que llevan en el bolso su orfidal (o el fármaco del que se trate) para estar tranquilas, o poder afrontar el malestar cuando llegue el momento. Pero si salen de casa sin su recurso de ayuda (¡y se dan cuenta del olvido!) la cosa puede acabar muy mal.

Volviendo a la persona fumadora,  lo mismo sucede con el resto de funciones que el tabaco pueda desempeñar para ella: Si no puede fumar se ve privada de su valiosa ayuda y, en algún sentido, su vida empeora.

Desarrollar recursos personales saludables

Si quieres dejar de fumar, y el tabaco desempeña para ti una o varias funciones como las que he indicado, lo vas a tener difícil, a menos que puedas utilizar otro recurso de ayuda en sustitución del tabaco.

Como es lógico, ese otro recurso debería ser saludable, y no perjudicial para tu salud. Por ejemplo, imagina que alguien en lugar de fumar, ahora bebe más alcohol y con más frecuencia, o comienza a tomar fármacos ansiolíticos de modo habitual, o come para calmar su malestar y ansiedad… Ha encontrado un sustituto del tabaco que le ayuda a liberarse de esa perjudicial adicción, pero está adquiriendo otra adicción también perjudicial.

Además de ser saludable, es conveniente que ese nuevo recurso no sea algo externo, pues en tal caso la persona no adquirirá confianza en sí misma, sino en la ayuda exterior, de la que se volverá dependiente y a la que necesitaría acudir para poder afrontar su malestar o sus dificultades.

Sería el caso, por ejemplo, de tomar fármacos, de utilizar el cigarrillo electrónico, de acudir a otra persona que proporcione apoyo, o cualquier otra ayuda exterior. Si se introducen estas ayudas externas (a veces puede ser conveniente), es necesario ir retirándolas hasta que se hagan innecesarias, al tiempo que la persona desarrolla recursos personales de afrontamiento.

En suma, es conveniente que quien pretenda dejar de fumar desarrolle recursos personales saludables, que le permitan calmar su estado emocional alterado cuando sea preciso, y afrontar la vida y sus dificultades saludablemente y con normalidad.

En el Método Reset® ayudamos a desarrollar recursos personales saludables, sencillos y fáciles de aplicar, por lo que la persona, en lugar de encontrarse desvalida, se encuentra más y mejor preparada para lograr su meta de dejar de fumar para siempre.

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