El buen propósito de dejar de fumar no es suficiente

 

 

Tener buenos propósitos es importante. Sin ellos no mejoraríamos. Pero no es suficiente: ¡Hay que llevarlos a cabo!

Según la RAE, un propósito es el ánimo o intención de hacer o de no hacer algo o, en su segunda acepción, un objetivo que se pretende conseguir.

Me referiré aquí sólo a los buenos propósitos en relación con uno mismo, aquellos cuya finalidad implica algún tipo de mejora personal.

Contradicciones

Un buen propósito suele tener su origen en una contradicción: Hay algo que sería bueno para mí y que no hago, y de ahí surge el ánimo de hacerlo; O hago algo que me resulta perjudicial, y de ahí surge el ánimo de no hacerlo.

Los humanos nos autodenominamos seres racionales, pues tenemos la facultad de razonar; Pero son tantas nuestras contradicciones que, quizá, nos iría mejor el calificativo de seres contradictorios.

Así, con frecuencia, nos comportamos de forma perjudicial para nosotros mismos: Comemos alimentos que a la larga nos ocasionan problemas o nos hacen engordar; Ingerimos sustancias que nos perjudican y nos causan adicción; Seguimos horarios que no se ajustan a nuestros ritmos circadianos y nos alteran; Mantenemos niveles de actividad excesivos o prolongados que nos estresan; Tenemos relaciones personales que son tóxicas o nos dañan en algún sentido; Etc.

Igualmente, no hacemos cosas necesarias o muy convenientes: No realizamos la actividad física necesaria; No comemos ciertos alimentos que son muy saludables; No emprendemos actividades estimulantes, y hasta arriesgadas, que le dan sabor e interés a la vida; No ejercitamos talentos y capacidades que den sentido a nuestra existencia; Etc.

Vivimos en permanente contradicción, y es ahí, en nuestras contradicciones, donde se gestan nuestros buenos propósitos.

Toma de conciencia

Pero no es suficiente con tener una contradicción, para hacernos el ánimo y ponernos manos a la obra para eliminarla.

Podemos pasarnos la vida inmersos en ella, simplemente porque no nos damos cuenta. Solo al percibir el perjuicio que nos ocasiona, comenzamos a pensar en cambiar el comportamiento.

Es en la toma de conciencia del perjuicio donde se gesta la idea del cambio, y va madurando el buen propósito.

Conflicto

Pero pensar en cambiar no implica necesariamente emprender el cambio. Podemos pasar años pensando “Tendría que…”, “Debería…”, “Voy a…“,  y no hacer absolutamente nada al respecto.

Cuando quienes nos rodean son conscientes de nuestra contradicción,  del perjuicio que nos está causando o nos causará, y de que no hacemos nada para salir de ella, suelen considerar que somos unos flojos, o que nos falta motivación.

Y, si nos quieren y les importa nuestro bien, con frecuencia nos recriminarán, y hasta tratarán de ayudarnos a su manera. A veces de forma tan insistente que podemos llegar a sentirnos agobiados, y procuramos evitar a esas personas, o al menos intentamos evitar comportarnos así delante de ellas, e incluso les mentimos.

Quienes nos rodean suelen tener buen ojo clínico, pero no siempre nuestra pasividad se debe a flojera. Con frecuencia, lo que hacemos y nos perjudica también nos beneficia en algún sentido, o así lo vivimos. Y, a la inversa, lo que no hacemos y nos beneficiaría también tendría algún coste o perjuicio, o así lo creemos. 

Quedamos atrapados en el conflicto, viendo nuestra contradicción y pensando que tendríamos que hacer algo pero, al mismo tiempo, temiendo hacerlo.

Ensoñación

Entre tanto, pasan los días, los meses, y hasta los años, descontentos con nosotros mismos, pero sin dar el primer paso. Imaginándolo a veces, soñando con él, e incluso estableciendo fechas inciertas (“Cuando tenga más tiempo…”; “Cuando esté más tranquilo…”; “Cuando llegue el momento…”; “Un día de estos…”), que nunca llegan; O que si llegan posponemos para un mejor momento.

Soñar con cambiar no es cambiar. Y hasta puede que la ensoñación sea una forma de distracción, para burlar al descontento.

Empujón

Pero aunque hayamos caído en un impasse, aún no somos caso perdido. La Vida suele venir en nuestra ayuda, y nos da el empujón que necesitamos.

A veces es algo sin aparente importancia (un gesto de alguien, una frase leída en alguna parte, una escena de una película, un pensamiento o un sentimiento con el que nos despertamos…). Otras puede que sea algo más serio y grave (la enfermedad de un amigo, los resultados de unas pruebas médicas…).

Sea cual sea, a veces ese empujón tiene un efecto milagroso: Nos pone las pilas y nos quita la flojera.

Tenemos entonces lo esencial: El propósito de cambiar y la motivación para hacerlo.

Actitud

Se acerca el momento del cambio, pero aún no ha llegado. Para cambiar (y me refiero a abandonar hábitos perjudiciales, y consolidar hábitos saludables), además de propósito y motivación, con frecuencia es necesario confiar en nosotros mismos, y creer que podremos lograrlo.

Somos capaces de casi todo tal vez, pero si no creemos en nosotros mismos, si en nuestra mente surgen los “No puedo”, o “Nunca podré”, tal vez ni siquiera demos el primer paso. Y si llegamos a darlo pronto abandonaremos, porque el “No puedo” es como un agujero en el depósito de nuestra motivación, que hace que este precioso combustible se nos escape, y quedemos sin la energía necesaria para continuar.

La actitud positiva, la confianza en nosotros mismos y las expectativas de éxito son determinantes para emprender el cambio y lograr nuestro buen propósito.

Dificultades y técnicas

Aún con una buena actitud, el camino del cambio no siempre es fácil y, con frecuencia, encontraremos dificultades que hay que saber sortear pues, de lo contrario, podemos vernos abrumados por los problemas y sentir la tentación de abandonar.

Por ello, es conveniente disponer de recursos o técnicas útiles y eficaces, que nos permitan afrontar bien las previsibles adversidades.

Si son superadas con éxito, las dificultades se transforman en un importante factor de fortalecimiento y consolidación del cambio.

Hacer

Ya sabes, “lo que no te mata te hace más fuerte“. Aunque no siempre es cuestión de fuerza pura y dura, sino de estrategia, de saber hacer y, sobre todo, de hacer.

Porque llega un momento en que, para cambiar, además de pensar en cambiar, y quererlo, y tener una buena actitud, e incluso disponer de técnicas eficaces, hay algo que resulta imprescindible: Comenzar.

Pensar es necesario, pero hacer es indispensable. Claro que pensar puede que sea fácil, y hasta agradable imaginando el futuro soñado, pero hacer ya es otra cosa, tal vez requiera esfuerzo y dedicación, y hasta puede que a veces resulte desagradable.

Entonces corremos el riesgo de quedarnos en el pensamiento, en el mundo de las ideas, en el “Bla, bla, bla”, en el ruido sin nueces. Es como tener una buena semilla y tierra fértil, pero no plantarla jamás.

Conviene poner una fecha para iniciar el cambio, ir mentalizándonos, incluso desear que llegue. Y, llegado el momento, ¡comenzar! Es el tiempo de la acción: Toca hacer, y hago lo que toca, sin cuestionar.

Camino y transformación

Todo comenzó con una contradicción, de la que tomamos conciencia. Nació entonces nuestro buen propósito. Y gracias a una buena motivación y a una buena actitud, emprendimos el camino del cambio, y persistimos en él. Fuimos superando con éxito las dificultades, y seguimos adelante. Y por fin alcanzamos nuestra meta: Hemos resuelto la contradicción y hemos cambiado.

Pero no solo eso, en el camino nos hemos transformado. Por eso, ya no echamos de menos aquello que dejamos atrás, sentimos que estamos donde queremos estar, y la alegría es entonces el sentimiento que nos embarga.

Con frecuencia, quienes han superado bien un hábito perjudicial dicen que gracias a ese mal hábito (y a su buena superación, claro) son ahora mejores personas, por lo que incluso agradecen haberlo tenido.

Las perlas se forman de un modo similar. Un grano de arena se cuela dentro de la ostra, entonces ésta, para defenderse de ese cuerpo extraño que le perjudica, comienza a segregar una sustancia llamada nácar, que poco a poco va recubriendo el grano de arena hasta convertirlo en una magnífica perla. Proceso en el que tarda entre tres y seis años. Sin grano de arena no habría perla, pero sin segregar el nácar necesario tampoco.

Quizá sin problemas y sin el sufrimiento necesario no hay superación y desarrollo. Aunque el exceso de problemas y de sufrimiento también puede estancar y hasta matar. Todo en su justa medida.

Dejarlo

Quizá fumas (es tu contradicción), y ya eres muy consciente del perjuicio que te causa (has tomado conciencia), por lo que ya quieres dejar de fumar (tienes el buen propósito), y puede que sientas un gran deseo de dejarlo (tienes una gran motivación). También es posible que confíes en ti y creas que puedes lograrlo (posees una buena actitud), y que cuentes con estrategias que te ayuden a superar las dificultades que vayan surgiendo ( dispones de buenas técnicas). Y hasta es posible que ya hayas puesto fecha para dejar de fumar. Enhorabuena, ahora tan sólo te falta una cosa: ¡Dejarlo!

Si lo haces, y lo haces bien, te transformarás, tendrás una perla más en tu ser, y por siempre te alegrarás.

Ayuda

No obstante, si para ti no es tan fácil, si tienes dificultad para lograrlo y necesitas ayuda, que el orgullo no te impida pedirla o recibirla.

Hay un orgullo bueno, que nos lleva a querer ser los artífices de nuestra propia superación y cambio. Y un orgullo malo, que nos impide pedir ayuda cuando la necesitamos, y hasta nos lleva a negar la propia necesidad de cambiar.

Hemos de comprender que, incluso si recibimos ayuda, el nacar que forma la perla de nuestra propia transformación tenemos que ponerlo nosotros mismos, por lo que la perla y el mérito de haberla creado serán enteramente nuestros.

No estás sólo. Si buscas la ayuda que necesitas, es seguro que la encontrarás. Se dice que “Cuando el alumno está preparado aparece el maestro“. Pero si no aparece, ¡ve tu en su búsqueda!

En el Método RESET® ofrecemos ayuda útil para lograr el buen propósito de dejar de fumar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *