¡Dejar de fumar con Alegría!

Hace unos 20 años trabajaba en Yecla (Murcia), como Director del Centro de Servicios Sociales. En esa época se creó en esta localidad la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Yecla (ARY).

En varias ocasiones escuché a Matías Díaz, presidente de ARY durante muchos años, decir: “¡Hay que dejar de beber, pero hay que hacerlo con alegría!”.  Y hasta donde sé, así fue como vivió hasta el fin de sus días. 

Se puede dejar un hábito perjudicial por muchos motivos, y de muchas maneras, pero es esencial hacerlo con alegría.

Imagina que tienes un hábito que sabes que es perjudicial, y que quieres desterrar de tu vida, ya sea beber alcohol, fumar, consumir cualquier otra sustancia adictiva, jugar dinero, o cualquier otro.

La cosa es simple: Quieres dejarlo, pero lo deseas.

Haces acopio de fuerza de voluntad, te esfuerzas, te privas de eso… Pero lo echas de menos, no haces otra cosa que pensar en eso, el resto de cosas pierde importancia, no disfrutas, te sientes ansioso, a veces triste, y hasta hay momentos en que te parece que sin eso tu vida no merece la pena. Y aunque a otros pueda parecerle absurdo, y quizá también a ti mismo, es lo que hay.

 ¿Qué hacer entonces? ¿Vivir sin eso y sufrir? ¿O volver a eso y disfrutar?

Cualquier alternativa tiene su precio: Si vives sin eso, vives sin disfrutar, y sin alegría. Si vives con eso tendrás momentos de excitación o disfrute (que no de alegría), aunque perderás tu salud, tu paz y, según el caso, tu dinero.

Pero tranquilo. La mente es creativa e ingeniosa. Y descubre un tercer camino: Abandonar el propósito de dejar ese hábito. Vivir con eso como si nada. Incluso justificarlo: “De algo hay que morir, ¿no?”.

Algunas personas consiguen silenciar el gusanillo de su conciencia (esa que les dice, “eso te está perjudicando o matando”), y logran vivir en su peculiar adaptación de la filosofía del aquí y ahora: Disfruta mientras puedas. Claro que, cuando llegan las vacas flacas, cuando las semillas que han plantado “disfrutando” germinan (¡y es seguro que germinan!), y dan a luz perjuicios y dolor, aquella filosofía ya no les sirve, ni ayuda, ni calma.

Otras no lo consiguen, y viven en una silenciosa lucha interna permanente contra sí mismas. Una lucha entre su voluntad y su deseo, entre su hábito insano y su propósito de enmienda. Unas veces dejándolo, y otras recayendo.

Si no hubiese más caminos, sería trágico: Si tienes la desdicha de adquirir un mal hábito (¡y todos adquirimos malos hábitos!), estás condenado de por vida, ya sea con él o sin él.

Afortunadamente hay otro camino. El Camino de la Alegría: Dejar el hábito insano, pero dejarlo con alegría.

Este camino tiene al menos dos ventajas. La primera es que no echas en falta el hábito abandonado, por lo que no sufres por ello. Vives tranquilo. Y si algo sientes al recordarlo es alegría, por haber recuperado tu libertad.

Y la segunda ventaja es que es transformador: cuando abandonas un hábito perjudicial con alegría, no solo dejas el hábito sino que, por lo general, también te transformas, evolucionas en algún sentido, y para bien. Vives alegre.

No me cabe ninguna duda, para abandonar hábitos perjudiciales o adquirir otros saludables, para soportar la adversidad o recibir la dicha, para levantarte cada mañana o acostarse cada noche… para vivir: ¡El Camino es la Alegría!

Quiero compartir contigo estas palabras del Buda Gautama, eternamente actuales:

 

Vive en la alegría, en el amor, aún entre quienes odian.

Vive en la alegría, en la salud, aún entre los afligidos.

Vive en la alegría, en la paz, aún entre los atribulados.

Vive en la alegría, sin posesiones, como los luminosos.

El vencedor siembra odio porque el perdedor sufre.

Abandona la victoria y la derrota, y encuentra la alegría.

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