¡De algo hay que morir!

De todos los autoengaños, excusas o justificaciones, éste quizá sea el peor de todos: “¡De algo hay que morir!”.

Cuando alguien dice “No es mi momento”, “Ahora tengo muchos problemas”, o algo semejante, aunque por ahora siga fumando, está dejando una puerta abierta a la esperanza: En un futuro, incierto aún,  lo dejará (o al menos lo intentará).

Pero cuando un fumador dice “De algo hay que morir”, quizá se deba a que ha perdido toda esperanza, y se ha resignado a soportar las consecuencias negativas de su hábito perjudicial, las que ya esté teniendo y las que pueda tener en el futuro. Está dispuesto a pagar el precio, ha decidido que no va a hacer nada, que ni siquiera lo va a intentar. ¿Para qué, si no lo va a conseguir, o va a ser tan duro que no se siente con fuerzas para lograrlo?

Hay pues, sentimientos de impotencia, y rendición ante el fracaso y sufrimiento anticipados.

Aunque también puede que sea una frase, aparentemente ingeniosa, con la que anestesiar al molesto gusanillo de su conciencia, para que no le estropee el momento con su cháchara de riesgos y consecuencias, y poder disfrutar del supuesto placer de fumar. Una particular versión del “ojos que no ven, corazón que no siente”.

En este caso, lo que hay es, quizá, una justificación burda de un comportamiento, fumar, que sólo atiende a las consecuencias placenteras inmediatas y olvida las perjudiciales y dolorosas consecuencias demoradas: Irresponsabilidad e inmadurez llamarían a ésto unos, algo frecuente y habitual en los seres humanos dirían otros.

Sea cual sea el motivo, es cierto que todos hemos de morir, y que siempre se muere de algo. Pero también lo es que, mientras se vive fumando, la calidad de vida es menor: Tienes menos energía. Estás vivo, pero con menos vitalidad. Crees que ese estado de baja energía es tu estado natural, pero en realidad es la consecuencia del desgaste que te ocasiona tu hábito perjudicial.

Si pudieras comparar tu energía y vitalidad actual con la que tendrías si no fumaras, lo comprenderías al instante y no querrías seguir fumando y viviendo así,  pues te parecería un precio muy alto por nada  (pues eso es exactamente lo que el tabaco te da: ¡nada! Aunque ahora no lo comprendas, pues vives en la ilusión de que el tabaco te da algo: ya sea placer, alivio del malestar, o algún otro tipo de ayuda).

La mala noticia, que seguro sabes pero que preferirías no saber, y que tal vez intentas ocultar con ese de algo hay que morir (o tal vez tapando con un cartoncito las imágenes desagradables que aparecen en los paquetes de tabaco) es que, si continúas fumando y vives lo suficiente,  tendrás problemas, limitaciones y enfermedades que te harán sufrir, y hasta es posible que el morir no sea algo instantáneo, sino un proceso largo y doloroso.

Y cuando llegue ese futuro (¡¡¡que llega!!!) y estés aún vivo pero sufriendo, es seguro que entonces te arrepentirás y pensarás algo como: “Si pudiera volver atrás no diría ‘de algo hay que morir’, sino que haría lo que fuera necesario para dejar de fumar con urgencia”.

No todo son malas noticias, también las hay buenas: Puedes viajar al futuro con tu imaginación, y ver lo que te depara si continúas fumando. Si no te gusta lo que ves, no te resignes a esa vida de limitaciones, enfermedad y sufrimiento. Tienes la gran suerte de poder cambiarlo ahora, en el presente.

Y como los cambios hay que comenzarlos por alguna parte, te propongo que reemplaces esa nefasta idea, “De algo hay que morir”, por otra como ésta: “Mientras viva haré lo posible para tener una vida saludable, llena de energía y vitalidad, que me permita disfrutar, alcanzar mis metas, cumplir mis propósitos, y vivir con alegría”.

Y si estás en el error de pensar que dejar de fumar es difícil e implica pasarlo mal y dejar de disfrutar, créeme si te digo que somos muchos los que lo hemos dejado con relativa facilidad, sin pasarlo mal, sin volver a echarlo de menos, y disfrutando plenamente de la vida y sus auténticos placeres. Unos lo hemos logrado gracias al Método RESET® para dejar de fumar, otros con otros métodos, o por sí solos.

¿Pero sabes por qué lo logramos? Porque un día ya no nos resignamos más, apostamos por la vida, y dejamos de decirnos “De algo hay que morir”.

 

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