La puerta al cielo, la puerta al infierno

Algunas personas, cuando intentan dejar de fumar, lo pasan tan mal que, según sus propias palabras, es un infierno.

Como consecuencia de sus malas experiencias al intentar dejarlo, muchas personas prefieren vivir el resto de sus días fumando, antes que volver a pasarlo tan mal. Aceptan su destino, y caen en la resignación. Y hasta se consuelan pensando que “de algo hay que morir”.

Otras andan a la búsqueda del milagro que les lleve directamente al cielo, sin pasar siguiera por el purgatorio de tener que esforzarse un poquito, o experimentar el más mínimo malestar. Y, claro está, no faltan los vendedores de milagros que, con frecuencia, sólo ofrecen versiones actualizadas del antiguo Bálsamo de Fierabras.

Lo que no parecen comprender, unas y otras, es que su infierno (malestar y sufrimiento), y también su cielo (olvidarse para siempre del tabaco), son algo que ellas mismas crean, sobre todo con su pensamiento.

Quizá no estés de acuerdo con esta idea pero, antes de cerrar este Blog, permíteme que te cuente una breve historia, un cuento tradicional zen llamado “La puerta al cielo, la puerta al infierno” :

<< Un guerrero samurai fue a ver al maestro Hakuin y le preguntó:

– Maestro, ¿existe el infierno? ¿Existe el cielo? ¿Dónde están las puertas que llevan a uno y a otro?

Hakuin le respondió:

– ¿Quién eres?

– Soy un samurai –dijo el guerrero. Hasta el emperador me respeta.

Hakuin se rió y contestó:

– ¿Un samurai, tú? ¡Pareces un mendigo!

Sintiéndose herido en su orgullo, el samurai desenvainó su espada y, cuando estaba a punto de matar a Hakuin, éste le dijo:

– ¡Ésta es la puerta al infierno!

Inmediatamente el samurai comprendió. Puso de nuevo la espada en su cinto, y entonces Hakuin dijo:

-¡Y ésta es la puerta al cielo!>>.

No son los hechos los que nos hacen sentirnos mal o bien, es la interpretación que hacemos de ellos, y lo que en base a esa interpretación pensamos. De nuestra interpretación y pensamientos surgen entonces nuestras emociones y sentimientos. Y de todo ello, nuestra decisión y nuestra conducta, que nos acarreará unas consecuencias u otras.

Entre los hechos y los sentimientos hay una llave: Los pensamientos.

Nuestros pensamientos son la llave a nuestro cielo o a nuestro infierno interior, a nuestro bienestar o a nuestro malestar. Y aunque es cierto que las circunstancias pueden ser agradables o desagradables, placenteras o dolorosas, fáciles o difíciles, la llave de nuestros pensamientos puede abrir diferentes puertas, que nos llevan a estados emocionales diferentes.

Quizá sigas sin estar de acuerdo. Pero ¿cómo explicas entonces que, ante un mismo hecho, una persona se sienta muy ansiosa, descontrolada e incapaz, mientras que otra se siente tranquila o, al menos, sólo un poco incómoda y capaz de afrontar bien la situación? Sí, hay varias causas posibles, e incluso suele deberse a un conjunto de ellas. Pero siempre hay un denominador común: los pensamientos.

Algunas personas han adquirido el hábito de centrarse sólo en lo malo, o en lo que falta, o en lo que no es cómo les gustaría que fuera. Y tienen una especie de detector de hechos desagradables y de dificultades, que les hace dirigir su atención sólo hacia esos aspecto negativos, pasándoles desapercibidas el resto de cosas positivas y agradables que suceden o les rodean.

Con frecuencia, también han adquirido el hábito de tener pensamientos negativos, exagerados y catastrofistas, de hacer de un grano una montaña, de calificar a lo que sólo es una pequeña molestia como algo terrible e insoportable.

Y, por lo general, también tienen la tendencia a esperar siempre lo peor, ya sea pasarlo fatal o fracasar. Incluso si las cosas parecen ir bien, entonces comienzan a pensar que es muy posible que se tuerzan y vayan mal (“Mucho me estoy riendo, algo malo va a pasar”).

Y no son sólo los pensamientos, son también los recuerdos negativos que siempre están en la parte de arriba del baúl de su memoria. Y son las imágenes negativas que proyectan continuamente en la pantalla de su mente. Y es el énfasis y el tono desmesurado y doliente de sus palabras. Y también son las expresiones desencajadas de su rostro, los gestos tensos y apretados de su cuerpo, la respiración agitada y entrecortada…

Con todo ello (pensamientos, recuerdos, imágenes, palabras, entonación, gestos, respiración…), sin quererlo y sin saberlo, crean su propio malestar: ¡Abren las puertas a su propio infierno!

Casi todos somos un poco así a veces, pero hay personas en que estos hábitos están tan arraigados y automatizados que, ellas mismas, pensando así y actuando así, son sus peores enemigos, y la principal causa de su  malestar y hasta de su fracaso.

Y esto también es válido cuando de dejar de fumar se trata: Mientras que unas personas, con la llave de su pensamiento, abren la puerta a su infierno,  haciendo de esta experiencia algo terrible, insoportable, y hasta inalcanzable, otras abren la puerta a su cielo, viviendo esta situación como algo positivo y relativamente fácil.

Y, consecuencia de ello, mientras que las primeras fracasan, o siguen sintiéndose mal y echando de menos el tabaco durante años, las segundas tienen éxito y pronto llegan a olvidarse de él para siempre.

Desde luego que hay más elementos implicados, pero la actitud y el estilo de pensamiento son factores cruciales, la llave que abre las puertas al cielo, o las puertas al infierno.

Sin duda, mis experiencias e historia personal me hayan llevado a tener determinadas ideas y hábitos de pensamiento. De acuerdo. Así ha sido mi vida y así he llegado a pensar. Pero si éstas ideas y pensamientos, que ahora tengo, me llevan a vivir un infierno cuando intento dejar de fumar, si me dificultan dejarlo sin echar de menos el tabaco, y si hasta me impiden lograr mi propósito, ¡algo tendré que hacer si no quiero pasarme el resto de mi vida fumando!

Y ese algo implica, entre otras cosas, cambiar algunas de mis ideas y de mis hábitos de pensamiento. Quizá yo no sepa cómo hacerlo, pero lo importante es que ahora sé que eso es algo que tengo que hacer. Y, a partir de esa toma de conciencia, puedo buscar ayuda útil para lograrlo.

En el Método RESET® ayudamos en este cambio de actitud, ideas y hábitos de pensamiento. Por así decirlo, ayudamos a que la persona sepa cómo cerrar la puerta a su infierno, y a que encuentre la llave para abrir la puerta a su cielo.

Actitud para dejar de fumar.

La actitud condiciona el resultado

Una actitud es la disposición que tenemos hacia algo: qué pensamos, qué sentimos, y cómo solemos comportarnos ante ese algo.

Al emprender cualquier objetivo, nuestra actitud influirá de manera determinante en los resultados que obtengamos. De aquí su enorme importancia.

Cuando lo que queremos es “dejar de fumar”, la actitud que mantengamos  determinará, en gran medida, no sólo el éxito o el fracaso, sino también lo fácil o difícil que nos resultará.

La conclusión es obvia: hay que emprender la meta de dejar de fumar con una buena actitud.

El problema es que la persona fumadora veterana, por lo general, ya ha intentado dejarlo en varias ocasiones y no lo ha logrado, o ha vuelto a fumar.

Y puede que en esos intentos anteriores le costara mucho, que lo pasara mal, que se sintiera muy nerviosa, o incluso ansiosa o irascible, que dejara de disfrutar en las situaciones en que antes disfrutaba fumando, que ganara peso, y hasta que padeciera estreñimiento.

Estas experiencias personales negativas determina la actitud que ahora tiene ante la idea de intentar dejar de fumar otra vez.

Por eso, piensa y dice cosas como: “Dejar de fumar es muy difícil”, “Hace falta mucha falta de voluntad”, “Implica pasarlo muy mal”, “Disfrutaré menos”, “Ganaré peso”, “No creo que pueda conseguirlo”, “Aunque lo consiga, al final recaeré”…

Con estas ideas, y las emociones desagradables y falta de motivación que implican, ¿quién puede tener éxito en lograr el objetivo de dejar de fumar? Y aunque lo logre, ¿quién puede sentirse alegre, disfrutar, no echar en falta nunca más el tabaco, y no volver a fumar nunca más?

La actitud es algo así como la base o cimientos sobre los que vas a construir tu nueva vida saludable (en lo que a respirar aire se refiere). ¿Sobre qué la vas a construir? ¿Sobre las arenas movedizas de una actitud negativa, o sobre la firme roca de una adecuada actitud?

¿Cual es tu actitud?

Es este momento de tu vida, tienes la actitud que tienes hacia la idea de dejar de fumar. Y esa actitud condiciona el resultado. Si tienes una actitud negativa y quieres tener éxito, tienes que cambiar tu actitud. Así de simple.

No te digo que puedas hacerlo en un instante, ni que tengas que saber cómo hacerlo. Sólo te digo que el camino hacia el éxito implica, necesariamente, la adecuada actitud. Sea como sea, por tu cuenta o con ayuda, comienza por tu actitud.

Quisiera planteártelo de esta manera: Para que una buena semilla de un buen fruto hay que plantarla en tierra fértil, y luego cultivarla el tiempo necesario. La buena semilla es tu buen propósito de dejar de fumar; la tierra fértil es la actitud adecuada que has de tener; y el buen cultivo son las acciones idóneas que emprenderás gracias a esa actitud y motivación. Hecho el trabajo, el buen fruto será el logro de tu propósito de vivir sin fumar.

A veces, queremos tener ya el fruto, el resultado, sin tan siquiera haber plantado la semilla, y sin esforzarnos un poquito en cultivarla durante un tiempo, aunque sea breve.

Permíteme contarte un cuento:

<<Un hombre se acercó en cierta ocasión a un lama para pedirle ayuda.

–          Maestro, le dijo, he oído hablar de tu sabiduría y me presento ante ti para pedirte algo.

–          Dime, pues, en qué puedo ayudarte, contestó el lama.

–          Maestro, quiero ser el mejor marido y el mejor padre. Quiero ser sabio y honrado. Me gustaría que mis negocios prosperasen, y que al final de mis días pueda morir tranquilo y feliz, sin tener que preocuparme por el futuro de los míos.

El lama se quedó mirando en silencio a aquel hombre. Luego bajó la cabeza, tomó un papel y una pluma y escribió unas letras. Después, sin mediar palabra, se levantó y se fue, dejando sobre la mesa el escrito.

El hombre lo cogió y lo leyó. Sólo había una frase escrita: “Aquí no damos frutos, sólo ofrecemos semillas”>>1.

Las semillas pueden ser muy buenas, pero hay que sembrarlas en tierra fértil, y luego cultivarlas adecuadamente el tiempo necesario. Sólo entonces cosecharemos sus buenos frutos.

Al igual que sucede con las semillas, por muy buenos que sean nuestros propósitos, y las ideas, sugerencias, consejos o técnicas que nos den, necesitan encontrar una actitud adecuada y persistente, que haga posible que se transformen en acciones, y luego en hábitos, hasta hacer realidad felizmente esos buenos propósitos.

  • Quiero dejar de fumar. ¡Dime qué hago!”.
  • Te recomiendo que comiences por fortalecer tu propósito de dejarlo, que desarrolles unas expectativas positivas, y que generes una actitud adecuada. Luego…”.
  • “¡¡¡A ver, que lo que quiero es dejar de fumar YA, no que me cuentes una película!!!

Si quieres lograr tu propósito de dejar de fumar para siempre y sin echar de menos el tabaco, procura desarrollar la actitud idónea que lo haga posible. En el Método Reset® es algo que trabajamos desde el principio, y durante todo el proceso.

1Nota: desconozco el autor de esta versión de la historia. Si lo sabes, te agradeceré que me lo hagas llegar, para citarlo.