La puerta al cielo, la puerta al infierno

Algunas personas, cuando intentan dejar de fumar, lo pasan tan mal que, según sus propias palabras, es un infierno.

Como consecuencia de sus malas experiencias al intentar dejarlo, muchas personas prefieren vivir el resto de sus días fumando, antes que volver a pasarlo tan mal. Aceptan su destino, y caen en la resignación. Y hasta se consuelan pensando que “de algo hay que morir”.

Otras andan a la búsqueda del milagro que les lleve directamente al cielo, sin pasar siguiera por el purgatorio de tener que esforzarse un poquito, o experimentar el más mínimo malestar. Y, claro está, no faltan los vendedores de milagros que, con frecuencia, sólo ofrecen versiones actualizadas del antiguo Bálsamo de Fierabras.

Lo que no parecen comprender, unas y otras, es que su infierno (malestar y sufrimiento), y también su cielo (olvidarse para siempre del tabaco), son algo que ellas mismas crean, sobre todo con su pensamiento.

Quizá no estés de acuerdo con esta idea pero, antes de cerrar este Blog, permíteme que te cuente una breve historia, un cuento tradicional zen llamado “La puerta al cielo, la puerta al infierno” :

<< Un guerrero samurai fue a ver al maestro Hakuin y le preguntó:

– Maestro, ¿existe el infierno? ¿Existe el cielo? ¿Dónde están las puertas que llevan a uno y a otro?

Hakuin le respondió:

– ¿Quién eres?

– Soy un samurai –dijo el guerrero. Hasta el emperador me respeta.

Hakuin se rió y contestó:

– ¿Un samurai, tú? ¡Pareces un mendigo!

Sintiéndose herido en su orgullo, el samurai desenvainó su espada y, cuando estaba a punto de matar a Hakuin, éste le dijo:

– ¡Ésta es la puerta al infierno!

Inmediatamente el samurai comprendió. Puso de nuevo la espada en su cinto, y entonces Hakuin dijo:

-¡Y ésta es la puerta al cielo!>>.

No son los hechos los que nos hacen sentirnos mal o bien, es la interpretación que hacemos de ellos, y lo que en base a esa interpretación pensamos. De nuestra interpretación y pensamientos surgen entonces nuestras emociones y sentimientos. Y de todo ello, nuestra decisión y nuestra conducta, que nos acarreará unas consecuencias u otras.

Entre los hechos y los sentimientos hay una llave: Los pensamientos.

Nuestros pensamientos son la llave a nuestro cielo o a nuestro infierno interior, a nuestro bienestar o a nuestro malestar. Y aunque es cierto que las circunstancias pueden ser agradables o desagradables, placenteras o dolorosas, fáciles o difíciles, la llave de nuestros pensamientos puede abrir diferentes puertas, que nos llevan a estados emocionales diferentes.

Quizá sigas sin estar de acuerdo. Pero ¿cómo explicas entonces que, ante un mismo hecho, una persona se sienta muy ansiosa, descontrolada e incapaz, mientras que otra se siente tranquila o, al menos, sólo un poco incómoda y capaz de afrontar bien la situación? Sí, hay varias causas posibles, e incluso suele deberse a un conjunto de ellas. Pero siempre hay un denominador común: los pensamientos.

Algunas personas han adquirido el hábito de centrarse sólo en lo malo, o en lo que falta, o en lo que no es cómo les gustaría que fuera. Y tienen una especie de detector de hechos desagradables y de dificultades, que les hace dirigir su atención sólo hacia esos aspecto negativos, pasándoles desapercibidas el resto de cosas positivas y agradables que suceden o les rodean.

Con frecuencia, también han adquirido el hábito de tener pensamientos negativos, exagerados y catastrofistas, de hacer de un grano una montaña, de calificar a lo que sólo es una pequeña molestia como algo terrible e insoportable.

Y, por lo general, también tienen la tendencia a esperar siempre lo peor, ya sea pasarlo fatal o fracasar. Incluso si las cosas parecen ir bien, entonces comienzan a pensar que es muy posible que se tuerzan y vayan mal (“Mucho me estoy riendo, algo malo va a pasar”).

Y no son sólo los pensamientos, son también los recuerdos negativos que siempre están en la parte de arriba del baúl de su memoria. Y son las imágenes negativas que proyectan continuamente en la pantalla de su mente. Y es el énfasis y el tono desmesurado y doliente de sus palabras. Y también son las expresiones desencajadas de su rostro, los gestos tensos y apretados de su cuerpo, la respiración agitada y entrecortada…

Con todo ello (pensamientos, recuerdos, imágenes, palabras, entonación, gestos, respiración…), sin quererlo y sin saberlo, crean su propio malestar: ¡Abren las puertas a su propio infierno!

Casi todos somos un poco así a veces, pero hay personas en que estos hábitos están tan arraigados y automatizados que, ellas mismas, pensando así y actuando así, son sus peores enemigos, y la principal causa de su  malestar y hasta de su fracaso.

Y esto también es válido cuando de dejar de fumar se trata: Mientras que unas personas, con la llave de su pensamiento, abren la puerta a su infierno,  haciendo de esta experiencia algo terrible, insoportable, y hasta inalcanzable, otras abren la puerta a su cielo, viviendo esta situación como algo positivo y relativamente fácil.

Y, consecuencia de ello, mientras que las primeras fracasan, o siguen sintiéndose mal y echando de menos el tabaco durante años, las segundas tienen éxito y pronto llegan a olvidarse de él para siempre.

Desde luego que hay más elementos implicados, pero la actitud y el estilo de pensamiento son factores cruciales, la llave que abre las puertas al cielo, o las puertas al infierno.

Sin duda, mis experiencias e historia personal me hayan llevado a tener determinadas ideas y hábitos de pensamiento. De acuerdo. Así ha sido mi vida y así he llegado a pensar. Pero si éstas ideas y pensamientos, que ahora tengo, me llevan a vivir un infierno cuando intento dejar de fumar, si me dificultan dejarlo sin echar de menos el tabaco, y si hasta me impiden lograr mi propósito, ¡algo tendré que hacer si no quiero pasarme el resto de mi vida fumando!

Y ese algo implica, entre otras cosas, cambiar algunas de mis ideas y de mis hábitos de pensamiento. Quizá yo no sepa cómo hacerlo, pero lo importante es que ahora sé que eso es algo que tengo que hacer. Y, a partir de esa toma de conciencia, puedo buscar ayuda útil para lograrlo.

En el Método RESET® ayudamos en este cambio de actitud, ideas y hábitos de pensamiento. Por así decirlo, ayudamos a que la persona sepa cómo cerrar la puerta a su infierno, y a que encuentre la llave para abrir la puerta a su cielo.

¡De algo hay que morir!

De todos los autoengaños, excusas o justificaciones, éste quizá sea el peor de todos: “¡De algo hay que morir!”.

Cuando alguien dice “No es mi momento”, “Ahora tengo muchos problemas”, o algo semejante, aunque por ahora siga fumando, está dejando una puerta abierta a la esperanza: En un futuro, incierto aún,  lo dejará (o al menos lo intentará).

Pero cuando un fumador dice “De algo hay que morir”, quizá se deba a que ha perdido toda esperanza, y se ha resignado a soportar las consecuencias negativas de su hábito perjudicial, las que ya esté teniendo y las que pueda tener en el futuro. Está dispuesto a pagar el precio, ha decidido que no va a hacer nada, que ni siquiera lo va a intentar. ¿Para qué, si no lo va a conseguir, o va a ser tan duro que no se siente con fuerzas para lograrlo?

Hay pues, sentimientos de impotencia, y rendición ante el fracaso y sufrimiento anticipados.

Aunque también puede que sea una frase, aparentemente ingeniosa, con la que anestesiar al molesto gusanillo de su conciencia, para que no le estropee el momento con su cháchara de riesgos y consecuencias, y poder disfrutar del supuesto placer de fumar. Una particular versión del “ojos que no ven, corazón que no siente”.

En este caso, lo que hay es, quizá, una justificación burda de un comportamiento, fumar, que sólo atiende a las consecuencias placenteras inmediatas y olvida las perjudiciales y dolorosas consecuencias demoradas: Irresponsabilidad e inmadurez llamarían a ésto unos, algo frecuente y habitual en los seres humanos dirían otros.

Sea cual sea el motivo, es cierto que todos hemos de morir, y que siempre se muere de algo. Pero también lo es que, mientras se vive fumando, la calidad de vida es menor: Tienes menos energía. Estás vivo, pero con menos vitalidad. Crees que ese estado de baja energía es tu estado natural, pero en realidad es la consecuencia del desgaste que te ocasiona tu hábito perjudicial.

Si pudieras comparar tu energía y vitalidad actual con la que tendrías si no fumaras, lo comprenderías al instante y no querrías seguir fumando y viviendo así,  pues te parecería un precio muy alto por nada  (pues eso es exactamente lo que el tabaco te da: ¡nada! Aunque ahora no lo comprendas, pues vives en la ilusión de que el tabaco te da algo: ya sea placer, alivio del malestar, o algún otro tipo de ayuda).

La mala noticia, que seguro sabes pero que preferirías no saber, y que tal vez intentas ocultar con ese de algo hay que morir (o tal vez tapando con un cartoncito las imágenes desagradables que aparecen en los paquetes de tabaco) es que, si continúas fumando y vives lo suficiente,  tendrás problemas, limitaciones y enfermedades que te harán sufrir, y hasta es posible que el morir no sea algo instantáneo, sino un proceso largo y doloroso.

Y cuando llegue ese futuro (¡¡¡que llega!!!) y estés aún vivo pero sufriendo, es seguro que entonces te arrepentirás y pensarás algo como: “Si pudiera volver atrás no diría ‘de algo hay que morir’, sino que haría lo que fuera necesario para dejar de fumar con urgencia”.

No todo son malas noticias, también las hay buenas: Puedes viajar al futuro con tu imaginación, y ver lo que te depara si continúas fumando. Si no te gusta lo que ves, no te resignes a esa vida de limitaciones, enfermedad y sufrimiento. Tienes la gran suerte de poder cambiarlo ahora, en el presente.

Y como los cambios hay que comenzarlos por alguna parte, te propongo que reemplaces esa nefasta idea, “De algo hay que morir”, por otra como ésta: “Mientras viva haré lo posible para tener una vida saludable, llena de energía y vitalidad, que me permita disfrutar, alcanzar mis metas, cumplir mis propósitos, y vivir con alegría”.

Y si estás en el error de pensar que dejar de fumar es difícil e implica pasarlo mal y dejar de disfrutar, créeme si te digo que somos muchos los que lo hemos dejado con relativa facilidad, sin pasarlo mal, sin volver a echarlo de menos, y disfrutando plenamente de la vida y sus auténticos placeres. Unos lo hemos logrado gracias al Método RESET® para dejar de fumar, otros con otros métodos, o por sí solos.

¿Pero sabes por qué lo logramos? Porque un día ya no nos resignamos más, apostamos por la vida, y dejamos de decirnos “De algo hay que morir”.

 

Estrés y tabaco

La mayoría de personas fumadoras cuanto más estrés experimentan más fuman.

Sin embargo, el tabaco contiene sustancias muy estresante para nuestro organismo. Entonces ¿por qué añaden más estrés a su estrés, fumando?

 

Aunque puede haber muchos motivos, destacaré dos: El efecto premio y el efecto relajante.

El efecto “premio”

Cuando experimentamos estrés de modo prolongado, nuestro cerebro busca un placer que nos evada de la tensión y el malestar. Es como si dijera “Ya está bien de tanto trabajar, esforzarme, pasarlo mal… Me merezco un disfrute, un premio, un descanso de tanto estrés”.

El premio en que pensamos dependerá de nuestras preferencias y hábitos: Para unos será tomar una cerveza, otros pensarán en un pastel de chocolate, algunos en ir de compras o realizar otra actividad que les resulte agradable… Y la mayoría de fumadores pensarán en fumar un cigarrillo.

No importa que el tabaco sea, fisiológicamente, un factor estresante. La persona fumadora lo vive como algo satisfactorio, como un disfrute o un premio. Y, por tanto, para ella tiene ese efecto premio frente al estrés. Así es que, cuanto más estrés experimente, más necesidad de premio o disfrute sentirá, y más fumará.

Supongamos que ésta es la razón por la que una persona fuma más cuando está estresada. ¿Le sirve de algo saberlo? Creo que sí: Como sabe que el estrés aumenta su necesidad de placer, cuando se encuentre estresada lo que puede hacer es darse otros placeres distintos a fumar. La cuestión entonces es: “¡Estoy estresado! Me daré placer”.

Lógicamente esto no resuelve ni la causa del estrés ni la dependencia del tabaco, pero al menos le ayudará a disminuir el número de cigarrillos que fuma cuando siente estrés, que pueden ser muchos. Y también le ayudará a estar en mejor disposición si decide intentar dejar de fumar.

El efecto “relajante”

Para muchos fumadores fumar ha adquirido una función relajante: cuando están estresados, nerviosos, preocupados o ansiosos, experimentan una mayor necesidad de fumar. Y al hacerlo sienten que fumar les calma o relaja. Si no fuman, echan en falta el tabaco, se estresan aún más, y su malestar va en aumento. Si entonces fuman, ese malestar o estrés añadido se alivia, y sienten que fumar les tranquiliza.

Para estos fumadores, fumar es el recurso de ayuda externa que han aprendido a utilizar frente al estrés, al igual que otras personas aprendieron a tomar fármacos tranquilizantes, ansiolíticos, o incluso una copa para calmarse. Otras, en cambio, aprenden estrategias más saludables, como desconectar, control del pensamiento, relajarse, meditar, practicar yoga, pasear por la naturaleza, etc.

¿Les servirá de algo saber que fumar es su recurso de ayuda? Nuevamente creo que sí: Al tomar conciencia de la causa, pueden decidir utilizar otros recursos frente al estrés, pero que sean más efectivos y saludables que el tabaco. Quizá para ello precisen de la ayuda de un profesional competente pero, sea como sea, conocida la causa podrán encontrar el buen remedio.

¿Cuándo es el buen momento para dejar de fumar?

Esta asociación estrés-tabaco lleva a muchas personas a considerar que cuando tienen mucho estrés no es buen momento para intentar dejar de fumar. Y quizá lleven razón. Por ello dicen que lo dejarán cuando tengan menos problemas y estén más tranquilos, por ejemplo, en vacaciones, cuando el trabajo aminore, o cuando las cosas vayan mejor.

El problema es que cuando llega ese momento y están más tranquilos, no quieren estropearlo con el estrés que prevén les acarreará intentar dejar de fumar (“¡No me voy a amargar ahora las vacaciones, que bastante estrés he tenido todo el año!”). Así es que consideran que tampoco ahora es el buen momento.

En definitiva, nunca es el buen momento: Cuando hay estrés porque lo hay, y cuando no hay estrés porque entonces se estresarían.

¿Saber esto sirve de algo? Por supuesto que sí: Sirve para dejar de usar el socorrido auto-engaño de “ahora no es mi momento”. No te auto-engañes más. La verdad es que, si sigues pensando así, tu momento no va a ser nunca. Por ello:

Las vacaciones sí son un buen momento para dejar de fumar.

Estar trabajando es buen momento para dejar de fumar.

Tener un poco de estrés también  lo es.

Te guste o no, ésta es la verdad: ¡Para dejar de fumar, casi siempre es el buen momento!

Y aunque es cierto que las situaciones de estrés extremo no son el mejor de los momentos, si realmente te encuentras en una situación tal, determina con precisión cuándo será entonces el momento y, cuando llegue, ponte manos a la obra, sin dilación ni excusas de ningún tipo.

En el Método Reset® ayudamos a desarrollar recursos personales para afrontar el estrés de formas más saludable y efectiva.

No es mi momento

Hace años que dejé de interesarme por los diferentes tipos de excusas o autoengaños de las personas fumadoras, pues todos tienen una misma función: Permitirles seguir fumando sin sentirse mal.

Pero hay un tipo de autoengaño que he escuchado cientos de veces en los últimos años, y sobre el quiero reflexionar: “No es mi momento”.

Sigue leyendo No es mi momento

El Auto-engaño, un truco genial… ¡para seguir fumando!

¿Quieres dejar de fumar pero lo pospones una y otra vez?

¿Dejas de fumar pero vuelves a fumar de nuevo?

Si es así, quizá te estás auto-engañando.

No todas las personas fumadoras son iguales. Es evidente. Por eso más que hablar de fumadoras, como categoría, convendría hablar de personas que fuman: Son distintas, solo que tienen algo en común.

Aun así, no todas fuman de la misma manera. Y no me refiero al tipo de tabaco, número de cigarrillos, profundidad de la calada, circunstancias en que fuman, etc. Me refiero a cómo se sienten cuando fuman.

¿Qué tipo de fumador-a eres tu?

Las hay que fuman y, según dicen, disfrutan fumando y quieren seguir  haciéndolo. Son personas coherentes: quieren fumar, fuman, y lo disfrutan. Nada que objetar. O quizá sí, pero hoy no hilaremos tan fino y los dejaremos tranquilos y disfrutando de su cigarrillo. De estas personas yo digo que fuman con alegría.

Y las hay que no quieren fumar, pero fuman, y se sienten mal por ello. No son coherentes: Quieren hacer una cosa, pero hacen otra. Y entonces el gusanillo de la conciencia viene a estropearles ese anhelado momento. Un verdadero fastidio: ¡Se sentían mal porque querían fumar y se estaban resistiendo; Y ahora, al fumar, se sienten mal por haberlo hecho! Son personas fumadoras en conflicto.

“Si no fumo, me siento mal. Si fumo, me siento mal”. Parece que el destino del fumador que quiere dejar de fumar no es otro que sentirse mal, haga lo que haga, tanto si fuma como si no fuma.

Buscando una salida 

Bueno, quizá sí la haya: ¡Y SI… sólo me fumo éste, y ya mañana que tendré un día más tranquilo lo dejo definitivamente! Sí, sí, es lo mejor. Ahora tengo demasiado trabajo, y necesito estar relajado… Eso es, mañana lo dejo”.

¡Tachan! ¡Maravilloso! Ha encontrado el Remedio-Mágico que todo lo hace posible: Mantener el propósito de fumar (¡Claro que sí, lo dejo mañana!), y fumar.

Con el Remedio-Mágico el gusanillo de la conciencia está tranquilo: “Ha dicho que sí, que mañana lo deja, que sólo va a fumar uno. Y parece que lo dice con sinceridad. Entonces no le molestaré, y me echaré una siestecita mientras fuma”.

Y si mañana fuera necesario, pues se cambia la fecha de dejarlo para, por ejemplo, Año Nuevo. “Bueno, mejor para después de Reyes, que total sólo son 6 días más. Pero eso sí, a partir del día 7 de enero no vuelvo a probar ni una calada más en mi vida. Prometido… Bueno, voy a comprar un paquete, que no me queda”.

El Remedio-Mágico es el Auto-engaño: Ese birlibirloque de la mente, que le permite lograr dos cosas aparentemente incompatibles entre sí.

O dicho de forma más técnica, es el mecanismo que nos permite soportar la disonancia cognitiva, la contradicción entre nuestras ideas, valores o propósitos, y nuestras acciones. En definitiva, lo que nos permite no ver nuestra propia incoherencia. Y ya se sabe que ojos que no ven, corazón que no siente.

En relación con el tabaco, los auto-engaños pueden ser muy variados. Pero todos tienen la misma función: Permitirme fumar este cigarrillo sin sentirme mal.

Para ello es esencial mantener el propósito (“Voy a dejar de fumar”), pero cambiar la fecha (“Lo dejaré el día de mi cumpleaños”). O bien, no fijar fecha sino establecer que se llevará a cabo cuando se den ciertos requisitos, circunstancias o estado personal (“Cuando termine el proyecto”. “Cuando no tenga tantos problemas”. “Cuando no esté tan estresado”. “Cuando me encuentre mejor”…). O incluso confiar su complimiento a cuando tenga que ser (“Ahora no es el momento. Cuando llegue el momento, lo dejaré”).

Ante argumentos tan coherentes nadie tiene nada que objetar, obviamente. Ni tan siquiera el propio gusanillo de la conciencia.

El precio del Auto-engaño

Pero los Remedios-Mágicos, los Auto-engaños, no son gratuitos. Tenemos que pagar un precio por ellos. En este caso, el precio a pagar es no alcanzar nunca nuestro buen propósito.

Si fuera un propósito banal no tendría mayor importancia. Pero lograr el propósito de dejar de fumar es algo fundamental en la vida de toda persona fumadora: Es lo que te permite evitar enfermedades y limitaciones que con certeza tendrás si sigues fumando. Lo que te permite liberarte para siempre de una absurda esclavitud. Lo que te permite dejar de quemar tu dinero de una forma tan absurda. Y sobre todo, lo que te permite tener más energía, más calidad de vida, y más salud.

Sana sinceridad

El auto-engaño es la oscuridad de la mente. Necesitamos la luz de la verdad para dejar de auto-engañarnos, y recuperar la coherencia.

Para ello debemos ser sinceros con nosotros mismos, dejando atrás los atajos de los falsos Remedios-Mágicos. Reconocer nuestros auto-engaños. Afrontarlos. Y superarlos.

En el Método Reset® se enseñan y practican estrategias sencillas y efectivas para dejar de auto-engañarse, y poder así lograr más fácilmente el buen propósito de dejar de fumar para siempre, y con alegría.

Actitud para dejar de fumar.

La actitud condiciona el resultado

Una actitud es la disposición que tenemos hacia algo: qué pensamos, qué sentimos, y cómo solemos comportarnos ante ese algo.

Al emprender cualquier objetivo, nuestra actitud influirá de manera determinante en los resultados que obtengamos. De aquí su enorme importancia.

Cuando lo que queremos es “dejar de fumar”, la actitud que mantengamos  determinará, en gran medida, no sólo el éxito o el fracaso, sino también lo fácil o difícil que nos resultará.

La conclusión es obvia: hay que emprender la meta de dejar de fumar con una buena actitud.

El problema es que la persona fumadora veterana, por lo general, ya ha intentado dejarlo en varias ocasiones y no lo ha logrado, o ha vuelto a fumar.

Y puede que en esos intentos anteriores le costara mucho, que lo pasara mal, que se sintiera muy nerviosa, o incluso ansiosa o irascible, que dejara de disfrutar en las situaciones en que antes disfrutaba fumando, que ganara peso, y hasta que padeciera estreñimiento.

Estas experiencias personales negativas determina la actitud que ahora tiene ante la idea de intentar dejar de fumar otra vez.

Por eso, piensa y dice cosas como: “Dejar de fumar es muy difícil”, “Hace falta mucha falta de voluntad”, “Implica pasarlo muy mal”, “Disfrutaré menos”, “Ganaré peso”, “No creo que pueda conseguirlo”, “Aunque lo consiga, al final recaeré”…

Con estas ideas, y las emociones desagradables y falta de motivación que implican, ¿quién puede tener éxito en lograr el objetivo de dejar de fumar? Y aunque lo logre, ¿quién puede sentirse alegre, disfrutar, no echar en falta nunca más el tabaco, y no volver a fumar nunca más?

La actitud es algo así como la base o cimientos sobre los que vas a construir tu nueva vida saludable (en lo que a respirar aire se refiere). ¿Sobre qué la vas a construir? ¿Sobre las arenas movedizas de una actitud negativa, o sobre la firme roca de una adecuada actitud?

¿Cual es tu actitud?

Es este momento de tu vida, tienes la actitud que tienes hacia la idea de dejar de fumar. Y esa actitud condiciona el resultado. Si tienes una actitud negativa y quieres tener éxito, tienes que cambiar tu actitud. Así de simple.

No te digo que puedas hacerlo en un instante, ni que tengas que saber cómo hacerlo. Sólo te digo que el camino hacia el éxito implica, necesariamente, la adecuada actitud. Sea como sea, por tu cuenta o con ayuda, comienza por tu actitud.

Quisiera planteártelo de esta manera: Para que una buena semilla de un buen fruto hay que plantarla en tierra fértil, y luego cultivarla el tiempo necesario. La buena semilla es tu buen propósito de dejar de fumar; la tierra fértil es la actitud adecuada que has de tener; y el buen cultivo son las acciones idóneas que emprenderás gracias a esa actitud y motivación. Hecho el trabajo, el buen fruto será el logro de tu propósito de vivir sin fumar.

A veces, queremos tener ya el fruto, el resultado, sin tan siquiera haber plantado la semilla, y sin esforzarnos un poquito en cultivarla durante un tiempo, aunque sea breve.

Permíteme contarte un cuento:

<<Un hombre se acercó en cierta ocasión a un lama para pedirle ayuda.

–          Maestro, le dijo, he oído hablar de tu sabiduría y me presento ante ti para pedirte algo.

–          Dime, pues, en qué puedo ayudarte, contestó el lama.

–          Maestro, quiero ser el mejor marido y el mejor padre. Quiero ser sabio y honrado. Me gustaría que mis negocios prosperasen, y que al final de mis días pueda morir tranquilo y feliz, sin tener que preocuparme por el futuro de los míos.

El lama se quedó mirando en silencio a aquel hombre. Luego bajó la cabeza, tomó un papel y una pluma y escribió unas letras. Después, sin mediar palabra, se levantó y se fue, dejando sobre la mesa el escrito.

El hombre lo cogió y lo leyó. Sólo había una frase escrita: “Aquí no damos frutos, sólo ofrecemos semillas”>>1.

Las semillas pueden ser muy buenas, pero hay que sembrarlas en tierra fértil, y luego cultivarlas adecuadamente el tiempo necesario. Sólo entonces cosecharemos sus buenos frutos.

Al igual que sucede con las semillas, por muy buenos que sean nuestros propósitos, y las ideas, sugerencias, consejos o técnicas que nos den, necesitan encontrar una actitud adecuada y persistente, que haga posible que se transformen en acciones, y luego en hábitos, hasta hacer realidad felizmente esos buenos propósitos.

  • Quiero dejar de fumar. ¡Dime qué hago!”.
  • Te recomiendo que comiences por fortalecer tu propósito de dejarlo, que desarrolles unas expectativas positivas, y que generes una actitud adecuada. Luego…”.
  • “¡¡¡A ver, que lo que quiero es dejar de fumar YA, no que me cuentes una película!!!

Si quieres lograr tu propósito de dejar de fumar para siempre y sin echar de menos el tabaco, procura desarrollar la actitud idónea que lo haga posible. En el Método Reset® es algo que trabajamos desde el principio, y durante todo el proceso.

1Nota: desconozco el autor de esta versión de la historia. Si lo sabes, te agradeceré que me lo hagas llegar, para citarlo.

El poder de las expectativas

Expectativas negativas

Cuando una persona fumadora decide en serio dejar de fumar (o al menos intentarlo seriamente), aunque eso sea lo que quiere, con frecuencia no es eso lo que suele creer que sucederá y, en todo caso, lo que suele temer es pasarlo mal y dejar de disfrutar.

Si eres fumador-a y ya quieres dejarlo, dedica un minuto a responder a estas cuestiones: ¿Crees que lo lograrás, o crees que fracasarás? ¿Esperas que te resultará fácil o, por el contrario, que te será muy difícil? ¿Crees que será algo llevadero, o piensas que lo pasarás muy mal? ¿Sientes que será algo positivo y favorable, o tienes la sensación de que, en realidad, saldrás perdiendo pues dejarás de disfrutar?

Algunas personas, cuando piensan en su vida sin fumar, no se imaginan que será una liberación y una buena vida. Muy al contrario, la imagen que viene a su mente es algo así como la de meterse en la prisión de vivir sin fumar, donde ya solo cabe esperar una vida oscura y sin disfrute.

Sé que tengo que dejarlo, y es lo que quiero pero, cuando lo pienso, siento que yo mismo me estoy metiendo en el matadero”, dijo alguien una vez en una de las charlas que llevo a cabo.

No importan los argumentos racionales que muestren que no será así: Eso es lo que sienten, lo que temen y, en definitiva, lo que esperan. Y como lo esperan, es más probable que les suceda así.

Seguro que has oído la frase “Si lo crees lo creas”. Es la versión moderna de “la profecía autocumplida”. O dicho en un lenguaje más científico, del poder de las expectativas y de la autosugestión: Aquello que creo que me sucederá es más probable que me suceda.

No pienses que esto es sólo “una chaladura de esa gente rara que cree en la magia y en las terapias alternativas” (en palabras de un conocido de mente muy científica).  El denominado efecto placebo existe y, simplificando, consiste en que  para un considerable porcentaje de personas que toma una sustancia creyendo que tendrá un determinado efecto, se produce ese efecto, aunque en realidad esa sustancia no contenga ningún principio activo capaz de producirlo.

Y no sólo existe, sino que las investigaciones farmacológicas tienen que diseñar sus experimentos teniendo en cuenta este posible efecto, lo que les obliga a introducir grupos de control, con el consiguiente aumento del coste económico de las investigaciones.

Más aún, hay investigaciones que muestran que las expectativas que las-os profesores-as tienen en relación con sus alumnas-os influyen en los resultados académicos de éstas-os. Así es que mis expectativas (lo que creo que sucederá) no sólo influyen en mí, también influyen en otros. ¡Sorprendente!

El efecto de las expectativas no es algo que se produzca al ciento por ciento. Es un aumento en la probabilidad de ocurrencia de aquello que creo que sucederá. Pero, aun así, ¿no te gustaría tener a tu favor a tus expectativas, en lugar de tenerlas en contra?

Espero que ahora puedas comprender el sentido de las cuestiones que te planteé al principio. Si crees que no lo conseguirás, es más probable que no lo consigas. Si crees que lo pasarás mal, es más probable que así sea. Si crees que dejarás de disfrutar, quizá eso sea lo que te ocurra.

Expectativas positivas

La buena noticia es que si crees que te resultará fácil, que será llevadero, que te encontrarás mejor, y que seguirás disfrutando, entonces es más probable que eso sea lo que te suceda a ti.

Por ello, si quieres dejar de fumar y tus expectativas son negativas y juegan en tu contra, cámbialas por expectativas positivas que actúen a tu favor.

En el Método Reset® trabajamos el cambio de expectativas, favoreciendo así que dejar de fumar sea más fácil, para siempre, y con alegría.

Cómo no ganar peso al dejar de fumar.

¿Es posible dejar de fumar y no ganar peso?

Ya te anticipo que sí es posible.

Quizá en alguna ocasión dejaste de fumar y ganaste peso, o conoces a alguien a quién así le sucedió,  y ahora temes ganar peso si dejas de fumar. ¿Por qué esta vez iba a ser distinto?, te preguntarás.

Si haces lo mismo que en otras ocasiones, es previsible el mismo resultado. La cuestión entonces es ¿qué es lo que tengo que hacer para no ganar peso cuando deje de fumar?

De forma simplificada, se gana peso porque se ingresan más calorías de las que se gastan, y ese exceso de calorías es transformado en grasa, que se acumula y hace aumentar el peso, y el volumen.

Aunque no sea exacto, pues no todo se reduce a calorías, si habitualmente ingresas 2.000 kilocalorías al día y gastas 1.500 kilocalorías, tienes un exceso diario de 500 kilocalorías, que probablemente tu cuerpo transformará, en parte, en grasa, y cuyo resultado será ese temido aumento de peso.

En consecuencia, la estrategia general, para no ganar peso al dejar de fumar, implica lograr y mantener un equilibrio entre las calorías que ingresas y las que gastas.

Debes tener en cuenta que aunque sigas comiendo lo mismo, aunque ingreses las mismas calorías, al dejar de fumar ese equilibrio puede romperse, por varios motivos.

Por una parte, al dejar de fumar gastas menos calorías, al disminuir tu metabolismo basal. Por otra, obtienes más calorías por la misma cantidad de alimentos, al mejorar tu asimilación de nutrientes. Y, por supuesto, podría ocurrir que al dejar de fumar comieras más que antes, incluso sin ser consciente de ello.

Si las cosas suceden así, el equilibrio entre ingreso y gasto de calorías se habrá roto, y la consecuencia probable sería el aumento de peso. Pero, ahora que lo sabes, las cosas no tienen por qué ser así.

¿Qué hacer entonces para no ganar peso?

Simplemente, prevenir.

Si sabes que al dejar de fumar se suele romper ese equilibrio, disponiéndose entonces de más calorías, tendrás que hacer algo que restablezca ese equilibrio: Ingresar menos calorías,  gastar más calorías, o mejor ambas cosas a la vez. Y es algo que conviene hacer desde el principio, no cuando ya has ganado peso e incluso tus nuevos hábitos se hayan estabilizado.

Te daré cuatro claves que te ayudarán a lograrlo.

4 Claves para no ganar peso al dejar de fumar

  • Clave 1: No aumentes tu ingreso de calorías, y aumenta tu gasto calórico.
  • Clave 2: No comas menos, come mejor y más saludable.
  • Clave 3: Come para nutrirte, no para aliviar el malestar.
  • Clave 4: Cuando comas, disfruta comiendo.

Estas claves pueden traducirse en diversas ideas concretas contra la ganancia de peso. Te indicaré 10 de ellas.

10 Ideas para no ganar peso al dejar de fumar

  1. No comas menos, come mejor. Es maravilloso: Vas a recuperar tu sensibilidad olfativa y gustativa, y hay cientos de alimentos muy sabrosos, muy bajos en calorías, y muy saludables, que están esperando a que los disfrutes. Aprovecha esta magnífica oportunidad para disfrutar más de la comida, comiendo más saludable. Respétate, quiérete y cuídate: No te “des” a ti misma-o cualquier cosa, y mucho menos esa grasienta e hipercalórica comida “basura”.

Si necesitas asesoramiento, consulta a un-a buen-a nutricionista. ¡E incluso a un-a buen-a cocinero-a! En la actualidad existen muchos cursos de cocina saludable, e internet nos ofrece posibilidades antes inimaginables. Por ejemplo, acabo de entrar en google, he puesto “comida sabrosa y saludable”, y me encuentro con esto: “Aproximadamente 4.740.000 resultados”. Muchos estarán repetidos, otros no serán tan saludables, y bastantes quizá no te gustarán, o no estarán disponibles para ti, pero estoy seguro de que, restados todos ellos, el número de ideas aún será milenario. Sé crítica-o. Sé creativa-o. Innova-a.

  1. Si picoteas, que sea saludable. Si te gusta tapear o picotear, no elimines por completo este hábito de tu vida, pues te llevaría a sentirte insatisfecho por la pérdida de algo que para ti es un disfrute. Haz que sea saludable: Decide cuáles serán tus momentos de picoteo, y qué tomarás. Sé creativo: Elige o elabora cosas bien sabrosas, pero saludables y bajas en calorías. Y cuando llegue ese momento, tómatelo con calma y disfrútalo.

Me gusta plantearlo así: Si picoteas o tapeas que sean cosas sabrosas y saludables, y hazlo con premeditación y alegría.

  1. Ten disponibles alimentos nutritivos, sabrosos y saludables. Quizá al dejar de fumar sientas más hambre entre comidas. No pasa nada, ya se estabilizará. Quizá sientas “hambres específicas” (deseo de ciertos alimentos, normalmente altos en calorías). Tampoco te preocupes, pronto pasará. Pero si en tu despensa o en tu nevera sigues teniendo los mismos alimentos que antes, esos serán los que comerás cuando sea la hora de comer o sientas hambre. Es mejor que te aprovisiones de alimentos nutritivos, sabrosos y saludables. Y mejor aún, si tienes tiempo cocínalos o elabóralos tú, pues estoy seguro de que no les añadirás estabilizantes, aromatizantes, edulcorantes, antioxidantes, ni cosas por el estilo.

Y ya sabes que es mejor hacer la lista de la compra con el estómago lleno, y no ir a comprar sin saber qué, ni cuando te encuentras hambrienta-o.

  1. Toma conciencia de tus hábitos de alimentación, y reduce gradualmente aquellos que son poco saludables. Es probable que tengas la costumbre de consumir algunos alimentos poco saludables o claramente perjudiciales. O tal vez los preparas de forma poco recomendable. O quizá comes a cualquier hora. O puede que pases el día picoteando. O tal vez calmes tu ansiedad comiendo… Como son tus hábitos, como llevas años actuando así, quizá ya ni te das cuenta de ellos, siendo improbable entonces que puedas cambiarlos. Por unos días, conviértete en observador-a de ti misma-o, anotando incluso aquellos hábitos que observas y consideras poco saludables. Luego elige cuáles de ellos quieres cambiar, y ponte manos a la obra. Si has observado muchos hábitos inadecuados, no intentes un cambio radical. Es preferible intentar pocos cambios y consolidarlos, y luego ir añadiendo otros, sin prisa y sin agobios.

Y, sobre todo,  procura que el nuevo hábito de alimentación te resulte agradable. Puedes planteártelo así: Dejaré de comer como un-a autómata. Tomaré conciencia. Decidiré. Comeré. Y disfrutaré.

  1. Hidrátate bien. Algunas personas confunden las sensaciones de sed y de hambre, y comen (e incluso fuman) cuando lo que necesitan es hidratarse: Bebe agua con frecuencia. Vivimos en una zona donde la fruta es abundante y variada: prepárate sabrosos zumos. También es buena idea acostumbrarse a tomar infusiones saludables y agradables, hay una gran variedad.

Incluso puedes convertir el tomar una rica infusión en un relajante y agradable ritual, en tu momento: Concédete unos minutos, prepárala, siéntate, y bébela con calma, poniendo plena atención en su olor, su sabor, su color, su temperatura… Y mientras respiras aire puro, disfruta de ese agradable momento.

  1. No caigas en el comer emocional, aprende a manejar tu malestar. Experimentar algún malestar cuando se deja de fumar puede ser normal. Pero si lo amplificas y agravas, puedes convertirlo en un estado de elevada ansiedad. Es entonces cuando algunas personas calman su malestar comiendo. No comas cuando te sientas mal, ni para compensar placeres perdidos, y tampoco para satisfacer necesidades insatisfechas. Come para estar bien nutrida-o, disfrutando de la comida.

Si observas que tu malestar emocional es excesivo y te supera, busca el asesoramiento de un buen profesional, que podrá enseñarte técnicas útiles y sencillas para el manejo de la ansiedad y el malestar.

  1. Aumenta tu actividad física, disfrutándola. Es el momento de iniciar o retomar una actividad física que, además de quemar calorías, te resulte agradable. No se trata de machacarte en un gimnasio, salvo que eso sea lo que te agrada. Se trata de sentir y ejercitar tu cuerpo, al tiempo que lo disfrutas: Andar, nadar, montar en bici, bailar, jugar al pádel u otros juegos y deportes… Pero conviértelo en un hábito agradable, para que sea duradero.

No lo consideres algo secundario que harás si tienes tiempo o ganas. Dale importancia en tu vida cotidiana: Comer es importante, hidratarse es importante, dormir es importante… ¡Y la actividad física es importante! Haz ajustes en tu horario incluyéndolo en tu actividad diaria. Y sé persistente. A ello te ayudará el que te resulte agradable y gratificante.

  1. Aumenta tus placeres y disfrute cotidiano, pero no hagas del comer tu único placer. Insisto, hay que comer con alegría, pero que no sea la comida lo único que te la proporcione. Hay muchos placeres saludables en esta vida, y no tienen por qué ser caros. Disfrútalos, sobre todo ahora. Conviene que sean abundantes, variados y saludables. E incluso alguno no tan saludable, realizado de forma esporádica, también es saludable. Y si de vez en cuando te apetece y puedes, date uno de esos placeres caros que te encantan. ¡Con el dinero que dejas de gastarte en tabaco te lo puedes permitir!

Disfrutar no es un lujo, es una necesidad. Y cuando afrontamos circunstancias o momentos estresantes o adversos, es una maravillosa “medicina”.

  1. En tu vida siempre habrá estrés, aprende a manejarlo y a relajarte de forma saludable. La reacción de estrés es una reacción normal y natural de tu cuerpo. El problema es cuando se convierte en algo crónico, sin que puedas desconectar y descansar. O bien, cuando el modo de afrontar el estrés es perjudicial: fumar, beber alcohol, comer, tomar medicación sin necesidad… Es importante que aprendas a desconectar, que cambies de actividad, que incluso te alejes temporalmente de ese entorno, que descanses, que duermas lo suficiente, que reduzcas el consumo de excitantes… Algunas actividades como la relajación, el yoga, la meditación, la biodanza, por citar algunas, podrían serte de gran ayuda.

Y si tu estilo de reacción frente al estrés es inadecuado, es conveniente que aprendas a reaccionar más eficaz y saludablemente. La ayuda profesional puede ser una alternativa a considerar.

  1. Haz lo que haces. Si comes, come. Si haces otra cosa, no comas. Cuando comes mientras haces otra cosa, ni disfrutas plenamente de la comida, ni tienes plena conciencia de qué o cuánto estás comiendo.

Más allá de mantener una agradable conversación si comes en compañía, no hagas otra cosa: Come y disfruta, y nada más. El resto de cosas ya tendrán su tiempo y su lugar.

Por último, ¿quién mejor que tú para saber lo que te conviene?: Sigue aquellas otras estrategias que, de modo saludable, equilibren tu ingreso y tu gasto de calorías. ¡Y si las llevas a cabo con alegría, mucho mejor!

El mito de la fuerza de voluntad

“Hay que tener fuerza de voluntad”

En los últimos años he escuchado en multitud de ocasiones: “Eso de los métodos para dejar de fumar son tonterías. Lo que hace falta es tener fuerza de voluntad”.

También: “Yo lo dejé con fuerza de voluntad. Un día dije ¡se acabó!, y ya no he vuelto a fumar”. E incluso: “Lo he intentado, pero no tengo fuerza de voluntad”.

Asimismo, los expertos recomiendan fortalecer la fuerza de voluntad: Proponte seriamente dejar de fumar, fija una fecha, haz un listado de los motivos para dejar de fumar, registra el número de cigarrillos que fumas, reduce gradualmente su número, elógiate o prémiate por tus avances, habla de tus logros con familiares y amigos…

Por fin parece haber acuerdo unánime en algo: ¡Dejar de fumar es una cuestión de fuerza de voluntad!

Plantear la fuerza de voluntad como único o principal factor para dejar de fumar es, a mi juicio, no entender lo que sucede, o no actuar en consecuencia.

El deseo de fumar

La persona fumadora fuma porque ha desarrollado adicción a la nicotina y, sobre todo, porque ha desarrollado asociaciones entre determinadas circunstancias (situaciones externas, conductas, estados emocionales…) y fumar.

Tanto la adicción como las asociaciones tienen una base biológica, implican cambios y aprendizajes alojados en nuestro cerebro, en concreto, en zonas de nuestro cerebro a las que no tenemos acceso conscientemente, y que no podemos modificar a voluntad. Podemos decir que son programaciones cerebrales que están en nuestro cerebro automático, o mente no consciente.

Es de ahí, de esas zonas inaccesibles, y como consecuencia de las programaciones existentes en ellas, de donde surge el deseo: Bajan los niveles de nicotina o, sobre todo, te encuentras en una circunstancia que tienes asociada a fumar, tu cerebro lo detecta, y genera una señal, que llega hasta otra parte de tu cerebro, esa donde reside tu consciencia, y entonces te das cuenta de que deseas fumar, y pienses o dices “¡Tengo ganas de fumar!”.

Quizá, por motivos de salud u otros, tu ya no quieres fumar, y sin embargo lo deseas, porque el deseo no surge de la parte consciente de tu cerebro, esa que controlas, sino de esa otra parte no consciente, automática, y sobre la que no tienes control.

Resistiendo el deseo con fuerza de voluntad

Así las cosas, sin quererlo, en un momento dado, incluso “sin venir a cuento”, sientes que deseas fumar. Pero tu  no quieres fumar. Entonces es posible que con fuerza de voluntad consigas no fumar esta vez, venciendo al deseo. Con tu fuerza de voluntad te has mantenido firme, y no te has dejado arrastrar por esta ola de deseo y, con suerte, la ola ha desaparecido. Tal vez te sientas orgullosa-o de ti, y quizá comiences a pensar que esta vez sí lo vas a conseguir…

Pero esa alegría y convicción dura poco. Transcurrido un tiempo, quizá breve, vuelves a sentir ganas de fumar. Y otra vez a luchar para vencer ese deseo con tu fuerza de voluntad.

Y aunque vayas venciendo nuevas oleadas, el problema es que el deseo no parece agotarse nunca. Tal vez te da un respiro, pero siempre vuelve.

Ante esta inagotable persistencia del deseo, algunas personas tiran la toalla y abandonan la lucha. Tal vez dicen: “No tengo fuerza de voluntad”. O quizá: “Prefiero fumar a pasarlo mal”. O incluso: “La vida son cuatro días, y no me los voy a amargar”. Digan lo que digan, en el fondo, sienten que han perdido la batalla, que la fuerza del deseo es superior a la fuerza de su voluntad.

Otras personas persisten, continúan la lucha durante meses o incluso años. Se mantienen sin fumar venciendo cada oleada de deseo con su fuerza de voluntad. “¡Admirable!”, dicen algunos. Y el esfuerzo comienza a dar su fruto: Con el tiempo, en muchos casos, las oleadas de deseo son cada vez menos frecuentes, y hasta menos intensas. No obstante, es frecuente oírles decir: “Nunca volveré a fumar, pero todavía lo echo de menos de vez en cuando”.

También sucede que, muchas de las personas que persisten en la batalla con fuerza de voluntad, un mal día, quizá hartos de luchar, quizá porque se autoengañan en algún acontecimiento especial, vuelven a fumar, y a partir de ahí continúan haciéndolo. Y, entonces, también sienten que han perdido la batalla, que la fuerza del deseo al final ha sido más fuerte que su fuerza de voluntad.

La lucha interior

Sea como sea, la lucha entre el deseo y la voluntad se libra en nuestro interior. Es una lucha de la persona contra sí misma, por lo que es agotadora y, en cierto modo, siempre se sale perdiendo: Si dejo de fumar pero sigo deseándolo, lo echo en falta y lo paso mal. Si quiero dejar de fumar pero sigo fumando, me siento mal por no cumplir mi propósito.

Quiero recordar aquí la tercera ley de Newton, o principio de acción y reacción, que puede resumirse en que “a toda acción corresponde una reacción igual y en sentido contrario”.

Aunque esta ley fue enunciada en otro contexto, parece que también se cumple aquí: Cuanto más fuerza de voluntad pongo, más deseo parece surgir, y por tanto más necesidad de lucha. A más acción o fuerza de voluntad, más reacción o fuerza del deseo. Es como si la voluntad por no fumar fuera la que generara el deseo de fumar. ¡Una locura!

¿Qué camino tomar?

¿Qué hacer entonces? ¿Luchar o no luchar? ¿Fortalecer la fuerza de voluntad y librar la batalla, o darse por vencido y abandonar la lucha?

Planteado así, perece que haya que decidir entre una cosa u otra, sin más alternativas. Pero, en realidad, es un dilema falso. Hay una tercera vía. Y quizá muchas más.

Cuando una persona fumadora quiere dejar de fumar, a pesar de que eso es lo que se propone con la parte consciente de su cerebro o mente, en donde reside su fuerza de voluntad, lo que suele suceder es que siente ganas de fumar, que surgen de la programación cerebral de su cerebro automático o no consciente, de donde emana la fuerza del deseo.

En resumen, con su cerebro o mente consciente lo que quiere es dejar de fumar, pero con su cerebro o mente no consciente lo que desea es fumar. Esto es lo que sucede. Y a esto es a lo que hemos de encontrar remedio.

Una parte del remedio es, en efecto, afianzar su propósito, y fortalecer su fuerza de voluntad para hacer lo necesario y persistir hasta alcanzarlo. Y hay diversas estrategias y técnicas para ello.

Otra parte del remedio, necesaria e imprescindible, es la desprogramación cerebral, la ruptura de las asociaciones aprendidas, para que el cerebro no siga asociando determinadas circunstancias a fumar y, por tanto, deje de enviar señales de deseo cuando nos encontramos en alguna de ellas.

En relación con esto último, sabemos que no podemos manipular directamente nuestras neuronas y cambiar a voluntad nuestras asociaciones. Pero sí podemos ayudar a nuestro cerebro automático o no consciente a hacerlo. Él fue quien creó las asociaciones, y es él quien tiene que cambiarlas. Pero con ayuda de nuestro cerebro consciente. Y disponemos de estrategias y técnicas para ello.

Lo anterior es fácil de comprender si pensamos en una herida. Con nuestro cerebro pensante, con nuestra voluntad, no podemos hacer que la herida cierre, es nuestro cerebro automático el que ha de hacerlo. Pero sí podemos ayudarle en su trabajo: tomando un antibiótico para la infección, lavando la herida, administrándole un antiséptico, protegiéndola de agentes infecciosos, tomando nutrientes que contengan vitamina K y vitamina C… Con todo ello, que hacemos desde nuestra mente consciente, no cerramos la herida, pero sí ayudamos a nuestro cerebro no consciente a sanarla y cerrarla. Y ésta es una ayuda o colaboración muy importante.

El remedio tiene aún más partes. Por ejemplo, para la mayoría de personas fumadoras, fumar puede estar desempeñando una o varias funciones: ansiolítica, estimulante, relajante, evasiva, compensatoria, laxante, etc. Y, en consecuencia, habrá que poner remedio a ello, algo sobre lo que volveré más adelante.

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En suma, el propósito y la fuerza de voluntad (querer y persistir) sí son necesarias, e incluso imprescindibles. Pero no son suficientes. Es de suma importancia también dejar de estar programado para fumar (dejar de desear).

Cuando ambas fuerzas, voluntad y deseo, en lugar de luchar entre sí colaboran, el éxito en el logro de nuestro propósito es (casi) seguro.