¿Adicción a la nicotina o algo más?

Hay, a mi entender, tres planteamientos erróneos o incompletos en relación con el hábito de fumar, que condicionan el método o estrategia a seguir para superarlo, y limitan el éxito en sus resultados.

El primero es pensar que el problema es sólo (o principalmente) la adicción a la nicotina.

El segundo, considerar que el objetivo es únicamente dejar de fumar.

Y el tercero, creer que la fuerza de voluntad es el factor principal, o incluso único, para superar este perjudicial hábito.

Analizaré ahora el primero de ellos, dejando para posteriores artículos los otros dos.

Adicción a la nicotina

Con frecuencia se afirma que el consumo de tabaco se debe a la adicción a la nicotina: Debido a la ingestión continuada de esta sustancia, el organismo se acostumbró a ella y, ahora, cuando sus niveles de nicotina descienden, la echa en falta, experimentando entonces una especie de hambre de nicotina, que resulta desagradable.

Si la persona fumadora fuma, se restablecen los niveles de nicotina y ese hambre y malestar desaparecen.

Pero si no fuma el malestar irá en aumento, desde la inquietud hasta el nerviosismo, e incluso la ansiedad.

Si eso fuera todo, para aliviar su malestar, bastaría con que el fumador mantuviera determinados niveles de nicotina corporal, ya sea fumando o ingiriéndola por otras vías (por ejemplo, en chicles, caramelos, parches, spray, o inhalada).

Y para resolver definitivamente su problema, sería suficiente con superar la adicción biológica a la nicotina.

Pero la mayoría de personas fumadoras que han intentado dejarlo saben, por propia experiencia, que no es así.

La adicción no lo explica todo

Si eres fumador, imagina la situación siguiente: Vas por la calle y fumas un cigarrillo. A los dos minutos de haberlo fumado, te encuentras a unos amigos en la terraza de una cafetería, y te sientas con ellos. Pides un café (o una cerveza, o algo que tengas asociado a fumar). ¿Qué es lo próximo que harás?

Es casi seguro que será encenderte un cigarrillo (¡eso si no lo habías encendido ya!).

Pero si por algún motivo no pudieras fumar, ¿qué es lo que sentirás?

Es casi seguro que sentirás ganas de fumar, e incluso malestar por no poder hacerlo, y posiblemente ese café no te sepa tan bien, ni quizá disfrutes tanto de ese rato con tus amigos.

Analicemos lo sucedido: Tus niveles de nicotina estaban muy altos, pues hacía dos minutos que habías fumado un cigarrillo. Por tanto, ese segundo cigarrillo que fumas en esa terraza no se debe a que tu nivel de nicotina esté bajo.

Por otra parte, el deseo y malestar que experimentas si no puedes fumar, que ese café no te resulte tan agradable, o que no disfrutes tanto de la situación, tampoco se debe a la falta de nicotina.

¿Cuál es la causa entonces?

Simplemente sucede que tu cerebro tiene asociado tomar café (o lo que sea), y charlar con amigos, a fumar.

Y cada vez que estés en una situación que tengas asociada a fumar, tu cerebro lo detectará y te enviará una señal (que en tu conciencia vives como deseo o ganas de fumar, y que te resulta desagradable) para informarte de que en esa situación tienes que fumar.

Si fumas, tu cerebro deja de enviarte la señal, tu malestar desaparece, y vives ese alivio como algo agradable.

Pero si no fumas, tu cerebro seguirá enviándote señales, cada vez más frecuentes e intensas, por lo que tendrás una sensación de malestar cada vez mayor.

En tal caso, tu atención se focalizará en esas molestas sensaciones, por lo que al retirar parcialmente la atención otras cosas (por ejemplo, de las sensaciones del café que estás tomando) las disfrutarás menos.

Asimismo, tus pensamientos girarán en torno al tabaco y cómo fumar, y al malestar que estás experimentando, por lo que no podrás concentrarte en otras cosas, y tu vivencia de la situación será, hasta cierto punto, desagradable.

En ese estado, es casi seguro que daría igual que tomaras un chicle de nicotina. Lo que tu cuerpo tiene asociado a esa situación es fumar, y eso es lo que necesita: fumar, y no solo la nicotina que le proporciona fumar.

Multitud de asociaciones

Las circunstancias que pueden quedar asociadas a fumar son muy variadas, basta con que en una situación, la que sea, fumes en varias ocasiones para que tu cerebro la asocie, es decir, aprenda que en ella tienes que fumar.

Pueden ser circunstancias externas:  lugares, personas,, horas del día, etc.

Pueden ser conductas: hablar por teléfono, conducir, leer, etc.

Y pueden ser circunstancias internas, como son las emociones que experimentas (aburrimiento, enfado, tristeza, nerviosismo, alegría…), o los pensamientos que tienes.

Y dará igual cómo estén tus niveles de nicotina. Cada vez que estés en alguna de las circunstancias que tengas asocias a fumar, tu cerebro lo detectará, y te enviará una señal para que fumes. De todo ello, posiblemente, no serás consciente. Tan sólo sentirás que tienes ganas de fumar.

Necesidad de un acercamiento integral

Por tanto, aunque la adicción a la nicotina es un factor primordial en la génesis del hábito de fumar, es tan sólo una parte del problema para el fumador habitual.

La otra parte, que pasa a ser el principal factor en la vida cotidiana del fumador, son las asociaciones que su cerebro ha establecido y establece entre determinadas circunstancias, externas e internas, y fumar.

En consecuencia, la solución ha de ser integral, tiene que estar dirigida a ambos factores, pero sobre todo ha de considerar y resolver el problema de las asociaciones: ¿Qué hacer para romper esas asociaciones perjudiciales? ¿Cómo crear y mantener nuevas asociaciones saludables?

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